Cinco segundos.

Cinco segundos es el título del relato ganador de la XVI edición del Certamen Literario de Relato corto, La Aventura de Escribir. Ayer tuve la suerte de celebrar mi primer premio junto con Carmen María Sabio Moreno y Antonio Manuel Martín Acosta, primer y segundo accesit. Todo un honor compartir con vosotros.

Muchas gracias al jurado y, especialmente, gracias y enhorabuena a La Aventura de Escribir por vuestra tremenda labor y enhorabuena a todos los participantes. Cada vez que se crea una historia haces a la gente navegar por nuevos mundos.

Aquí van mis palabras que ya son todas vuestras.

Cinco segundos.

Dicen que la vida pasa en cinco segundos, el mismo tiempo que tardó en precipitarse al vacío el ascensor en el que iba montado aquella mañana de invierno. Había salido rápido de casa y mis pensamientos recorrían uno a uno todo lo que tenía que hacer ese día. Llevaba, como solía hacer, los ojos abiertos, pero aquellos ojos no veían nada, sólo lograban vislumbrar los oscuros e incesantes pensamientos que habitaban en mi atormentada mente. En mi tenaz obsesión por poseerlo todo, el temor a perder todos los bienes acumulados había convertido mi vida en una sucesión de hechos de los que no tenía el control. Vivía junto con mi mujer y mis dos hijos en un ático situado en la décima planta de un edificio con vistas al Retiro.

Aquella mañana, como tantas otras, salí de mi casa para ir a trabajar. El ascensor estaba abierto, de modo que entré, pulsé el cero y se cerraron las puertas. De pronto se quedó parado, como si se estuviera preparando para su último descenso. Las luces comenzaron a parpadear hasta quedar completamente a oscuras. Mis ojos, esta vez más abiertos que nunca, intentaban vislumbrar qué estaba sucediendo, mientras mis manos tanteaban las paredes buscando desesperadas el botón de emergencia. Con un dedo tembloroso conseguí pulsarlo. Permanecí un rato en silencio, esperando alguna señal que indicara que todo volviera a su cauce. El silencio sepulcral y la más negra de las oscuridades comenzaban a angustiarme. Oí el gemido seco de una pieza que se desquebrajaba y acto seguido, otro rugido metálico. El gancho se había desprendido de la armadura. Entonces lo tuve claro. Y como el que se prepara para el vertiginoso descenso de una atracción de feria, me acuclillé y me agarré al suelo de aquella caja metálica, fría y oscura que me conducía rápidamente a los sótanos de mi existencia. Aquel iba a ser nuestro último viaje. Cinco segundos hacia un destino inesperado y desconocido.

En el primer segundo, ante la certeza de mi muerte frente a mi absurda existencia, lancé un grito desgarrado que contenía todos los nombres de aquellos a los que había amado y todos los buenos momentos vividos, atisbos de una felicidad efímera. Me trasladé a mi infancia de zapatos ajados y bicicleta verde, de risas de amigos en aquel pueblo que había dejado de visitar hacía unos años. Frente a mí, discurrieron aquellas tardes en el plantío a la sombra de unos chopos, el fresco olor de sus hojas y su delicada música. Entraron en escena las voces cantarinas de las mujeres al ritmo de unas manos que frotaban la ropa contra la piedra y sentí el olor a sosa del jabón casero. Olí, también, por última vez el suave perfume de la hierba mojada después de ser bañada por la lluvia, y la frescura de los naranjos en flor en aquellas primaveras que parecían eternas. Y como un niño, sentí las caricias de mi madre y sus brazos que me mecían consolándome las penas. En ese balanceo llegué a mi pubertad de ligues, fútbol y verbenas, a mis primeros cigarrillos y borracheras. Vino a mis labios la torpe suavidad del primer beso, y un dulce cosquilleo me subió desde las tripas, como cuando veía a Carmen, la vecina del quinto que tanto me gustaba.

En el segundo segundo de mi último viaje, rocé mi adolescencia llena de descubrimientos y novedades. Mis primeros escarceos con los placeres de Venus, el aliento de un orgasmo, el olor a pubertad incandescente de un gimnasio, la dulzura amarga de mi primera resaca, el sabor grisáceo de un cigarrillo y la certeza absurda de una condición inmortal inexistente.

En el tercer segundo, mientras atravesábamos la primera planta a la velocidad de la luz, yo llegaba a mi juventud para comerme el mundo a bocados entre universidades, sueños y grandes ideales. La joven rebeldía ante un sistema que no encaja. Con aires de grandeza, pintaba de verde brillante los barrotes de una sociedad obsoleta y oxidada que me estaba encarcelando. Mi rostro rejuveneció al evocar todas las ilusiones que corrían por mi corazón veinteañero. Tenía algo por lo que luchar. Y me detuve un momento para recordar el dulce sabor de un sueño que te hace sentir vivo.

Después del tercero, llegó el cuarto, pero éste vino vacío. Ningún recuerdo. Ni una sola sensación. Ni siquiera un atisbo de lo que podía haber sido y nunca fue. Una luz incandescente y brillante me trajo la evidencia de que el día de mi muerte no iba a ser aquel día en el que me precipité al vacío, sino que fue mucho antes, en el cuarto segundo, cuando casi a mis escasos treinta años había dejado de soñar para dejarme llevar por mis miedos, haciéndome permanecer encerrado en un sinsentido monótono de días y noches en los que había dejado de creer y sentir. Fue entonces cuando mis ojos se cegaron y ya no supe ver de qué color era el mar cuando llovía. La sonrisa permanente de mis veinte se borró dejando paso a una expresión áspera, rígida y perpetua que reflejaba mi estado. Mi rostro acogió una lágrima que atravesó mi mejilla hasta llegar a mis labios. Agua salada con el sabor amargo de lo que quise haber hecho y nunca realicé.

Y en el quinto, llegó el golpe. El estruendo se sintió por todo el edificio y el polvo desenfocó la vida que sucedía allí afuera. Cinco segundos de oscuridad y encierro que me hicieron entender que me había equivocado. Sin embargo, ya no había marcha atrás.

Lloré como un niño y mis ojos se cerraron queriendo ver lo que antes no veían. La luz vino a buscarme para liberar mi alma. Ante mí, discurrieron de nuevo los maravillosos atardeceres en una playa, la amalgama de colores de un amanecer, los campos floridos en primavera, la nieve de las montañas cubriéndolo todo, el arcoíris perfecto después de un día de lluvia, la mirada de mi mujer susurrándome te quiero y la sonrisa de mis hijos perfilada en sus labios. Y una última lágrima atravesó la mejor de mis sonrisas. Mi madre vino a buscarme para mecerme en sus brazos como lo hacía de niño, mientras la negra sombra se colaba entre las luces.

Y me alejé dejando el cuerpo de un hombre ciego entre un amasijo de huesos rotos, sangre, hierro y muerte en vida.

Cinco segundos. Solo pasaron cinco segundos.

Marta Sarramián

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GRACIAS. Estos reconocimientos en un área tan difícil como es la literatura impulsan y motivan para seguir adelante.

Enhorabuena a La Aventura de Escribir por su tremenda labor.

 

Sorteo de fin de semana para dos personas en una maravillosa casa con vistas al mar en Nerja, Málaga

IMG_2112Hoy es tu día de suerte. A partir de este mismo momento, puedes ganar un magnífico sorteo de una estancia en una casa en régimen de alojamiento y desayuno para 2 personas en una maravillosa casa con vistas al mar en Nerja, Málaga.

Lo único que tienes que hacer es darle a ME GUSTA en la página de facebook de Libros de Marta Sarramián o seguirme en twitter (Marta Sarramián) y mandar una foto o prueba de que tienes en tus manos una de mis novelas, Lo que aprendí de un vagabundo, Tierra o A contracorriente. Puedes mandar una foto, un pantallazo de compra o descarga on line, lo que sea. ¡No olvides mandar también tu nombre y apellido y un contacto donde poder localizarte para comunicarte que has ganado!

Se realizará un sorteo al mes y lo podrás disfrutar los días que quieras siempre que el alojamiento esté disponible.

Los ganadores del sorteo se anunciarán en las páginas de facebook de LIBROS DE MARTA SARRAMIÁN, en la de Marta Sarramián o en Twitter de Marta Sarramián.

Si quieres descargarte online uno de mis libros, aquí te paso un enlace donde puedes encontrarlos. http://www.martasarramian.com/blog/2016/02/11/lo-que-aprendi-de-un-vagabundo-y-tierra-ya-en-ebook-y-kindle/

Te espero en Nerja. Traéte sombrero, protección solar y muchas ganas de pasarlo bien.

 

A fuego lento

El misterio de esta ciudad y su niebla traslucida me invitan a recorrer mundos ocultos, a recogerme para reírme, llorarme, amarme, enfadarme y reconciliarme.

Buscarme, perderme y encontrarme para volverme a reír. Para seguir viva y perdida por este eterno bagaje que me hace sentir latente.

Me busco y me encuentro y cuando ya me hallo, me vuelvo a perder para volver a empezar.

Cuanto más recorro, más soy consciente de todo lo que me falta por recorrer. Avanzo sin prisa pero sin pausa, sin demasiadas exigencias.

En mis pérdidas hallo mis limitaciones, mis vulnerabilidades que trato de esconder, para luego darme cuenta de que son ellas, mis propias debilidades, las que me hacen crecer, las que me hacen ser más grande.

En este cuerpo de metro sesenta se halla una llama viva, ardiendo cada vez más….esta vez a fuego lento.

No olvidéis que ya podéis comprar mis libros en formato Ebook, aquí os mando un par de enlaces…

Lo que aprendí de un vagabundo

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Para Tierra,

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Un abrazo a todos, nos seguimos contando

los tomates ya no saben como antes

Recuerdo mi niñez en la huerta de mis tíos. Correteaba entre las matas de tomates, sus hojas ásperas me rasgaban las enclenques piernas que sostenían mi pequeño cuerpo, mientras aquel olor a tomate fresco penetraba en mis sentidos.

Recuerdo mis ojos buscando uno rojo, maduro, sabroso. Mis manos de niña lo arrancaban de su cáliz para comerlo a mordiscos con un pellizquito de sal. Me quedaba de pie entre sus ramas, saboreando su jugosa carne que se escurría por mis torpes labios. Con cada mordisco una explosión de sabor recorría mi boca, sabía a fruto, a tierra, a vida. Podía escuchar su carne rasgarse en mi boca, su suave textura escurrirse en mis labios suavemente, inundando mis papilas gustativas. Delicioso sabor y aroma de formas imperfectas y color rojo pasión, que me traía el momento más delicioso de mis tardes de verano.

Hoy los tomates no saben a nada. Ya no huelen como antes, y por decir más ya ni siquiera huelen. Hoy los tomates ya no tienen aquella carne fresca, jugosa y tierna, sino que su carne dura, verde e insípida se alinea perfectamente con su sabor anodino y soso. Hoy los tomates ya no son lo que eran.

Transgénicamente transgredidos, transmutados y manipulados, como muchos otros frutos de la tierra, los tomates son tratados para aumentar su producción, lo que disminuye, consecuentemente, su calidad.

Ayer, cuando le daba un mordisco a un tomate, en un intento iluso de hallar aquel sabor, miraba por mi ventana el edificio de enfrente para darme cuenta de que yo también soy TOMATE. Yo, fruto de esta Madre Tierra que no me parió pero me sigue dando vida, me he convertido en uno de ellos. Transgredida, transmutada y manipulada.

Buscaba como loca aquel sabor y olor a tomate como queriendo hallar en él mi propia libertad, expresión y pureza. Ya no la encuentro por mucho que mire. Me frustro en mi empeño. Carcomo mis recuerdos evocando aquel momento, rescatando aquella sensación de vida y conexión con mi madre, la tierra que no me parió, pero me sigue dando vida.

Soy tomate yo también. He perdido mi olor, mi sabor y mi esencia, alguien detrás está moviendo mis hilos, para hacerme más productiva, más rentable y, como consecuencia, de menos calidad. Han arrancado mis ramas, transgredido mis semillas y transmutando mi alma. Ya no huelo a tomate. Sólo soy algo más comestible y más fácil de vender. Mi pureza, mi sello de calidad se paga muy caro y ya nadie lo aprecia. La gente va a los mercados a comprar barato porque no tiene dinero. A mí también me compran barato, o ni siquiera me compran. La CULTURA no se riega, no se abona, no interesa.

Pero he de decir, que han saltado mis alertas. Yo, tomate rojo, puro y sabroso, fruto de la Madre Tierra que no me parió, pero me sigue dando vida, con olor a rico y a vida, he decidido dejar de prostituir mis principios, dejar de arrastrarme con el miedo a mis espaldas, el sin sentido de vender sin sentimiento, sólo porque el arte no se valora, dejo atrás la corriente y me remontó a mis raíces, las de mi mata, las de las hojas ásperas y la semilla auténtica. Salgo de mi escondite tras las hojas, para dejarme regar o, mejor aún ,regarme a mí misma y volver a ser TOMATE ROJO, RICO Y VIVO.

Y tú, ¿quieres ser tomate también?

redes que atrapan

Ayer me pasó algo que hacía mucho no me pasaba. Eran las 10 de la noche cuando me sentaba a escribir después de haber meditado un rato. Sonaban cantos tibetanos en la sala y olía a incienso de la India. Las velas revoloteaban bailando al compás de la música, suave, sutil casi en un suspiro. Comencé a teclear cuando me di cuenta de que mis dedos ya no seguían a mi mente sino a mi corazón, una fuerza extraña pulsaba cada tecla componiendo un texto que hoy ya no recuerdo y que tengo ganas, muchas ganas de leer. He sentido esto en contadas ocasiones, aunque cada vez se repite más y más. Ayer por fin cuando me fui a la cama, le puse nombre. INSPIRACIÓN.
Así me viene a mí, haciendo que me abstraiga del mundo, que ya nada importe, perdiendo la noción del tiempo y el espacio, pero sobre todo, sintiendo una sensación interior increible de plenitud y paz. Mucha paz.
¡Qué pena que tantas veces entre sin llamar y cuando la busque no la encuentre!
Por este motivo no escribo siempre, sólo cuando veo que hay algo que sacar, que contar. Por este motivo no me he creado una continuidad en redes y casi ni aparezco. Prefiero mantenerme fiel a mi misma no una buscadora insaciable de seguidores en estas redes que tanto están de moda pero que pronto se verán sustituidas por otras que también deberemos aprender y que nos marcaran unas nuevas pautas para buscar en la pantalla lo que no tenemos en la vida real. No quiero avasallaros con textos anodidos, sin sentido, sólo porque las redes lo exigan. Prefiero poco o nada de calidad, porque como bien dijo el sabio. “No rompas el silencio sino es para mejorarlo.”

el mundo llama a mi puerta

He viajado durante muchos años en mi vida, he vivido en varios países lo que me ha permitido conocer en profundidad a muchas personas y sus diferentes culturas y maneras de pensar. Viajar me ha abierto los ojos a otras formas de vida, me ha hecho más tolerante, pero el regalo más grande de mis viajes, ha sido darme cuenta que la vida en sí misma es puro viaje y que todos nosotros tenemos en nuestro bagaje un gran saco de recuerdos e historias con los que crear un libro.

Ese trayecto por el que, a veces vamos deprisa sin ni siquiera mirar a nuestro alrededor y darnos cuenta de lo que realmente sucede y otras veces lo andamos más despacio, parándonos en el detalle para saborearlo y digerir lo vivido. No quiero viajar en AVE continuamente, a ratos me apetece ir a caballo, o incluso, andando, para pisar tierra y absorber lo que me cuentan los árboles, los pájaros y las mariposas que cruzan por mi camino.

Hoy mi campamento base está a pie de playa, mi origen y mi destino. Hoy mi hogar huele a salitre y atraídos por las ondas de los mares, vienen los viajes a mí en forma de personas llegadas de otros mares y sopladas por otros vientos, para traerme sus historias y permitirme volar con ellos aunque sea un instante.

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Esta mañana, mi amiga sueca que se está quedando en casa una semana, me ha contado una historia real, de esas que bien podrían dar forma a una película. Se trata de una chica muy talentosa, hija de refugiados afganos. Sus padres, periodistas ambos, tuvieron que huir hace muchos años de su país por contar la verdad. Esa verdad que tanto duele y tan peligrosa es a veces. De allí se separaron por motivos de seguridad. La madre fue a India y el padre a Rusia, donde se volvieron a juntar al cabo de los años. En Rusia vivieron más de siete años, todo parecía ir bien, pero ellos que ya habían lanzado sus palabras al viento con verdades absolutas, volvieron a ser perseguidos por el gobierno ruso. La historia comenzó de nuevo, ahora en Suecia. Otro país, otra cultura, otro punto de partida y la nada ante sus ojos. Parte de cero por tercera vez con las ganas ya caducas y el cansancio haciendo mella. Pero remontaron, sobrevivieron y ahora viven plácidamente de Suecia. De su amor salieron varios hijos que hoy en día hablan perfectamente árabe, ruso, sueco, inglés, francés y alemán. Y entre ellos, esta cantante sueca con una belleza mixta y una mirada profunda donde se pueden leer todos los sentimientos de su inigualable alma. Un alma que tiene el mundo por montera y que, a través de sus cantos, lanza como una sirena las mismas verdades que gritaron sus padres un día. Un alma que pide libertad y paz con la mejor de sus armas, la voz. Un alma dulce en su canto y desgarradora en sus sutiles mensajes. Un alma que supo transformar la crueldad en belleza. Un alma que canta al viento, a la nieve, al amor y a vivir.

Hoy os presento a Laleh, tan bella como sus canciones.

Y prometo que a medida que los viajeros con sus viajes sigan viniendo a mí, os contaré las historias que me traen y los sentimientos que de ellos afloran.

También prometo compartir con vosotros otras historias que un día me contaron, puros viajes llevados a cabo con otros pasos, otros prismas y otros corazones.

Esta mañana, con el sol de diciembre calentando mi cabeza mientras escuchaba a Laleh, he querido compartir esta canción que me traslada a los cuentos de hadas, a los mundos infantiles y tiñe los días blancos y negros en colores vivos.

 

Allí va, disfrutadlo.

Si quieres que te cuente tu propia historia ponte en contacto conmigo en info@martasarramian.com

La vida es cuento…

Hace un tiempo decidí tomarme la vida más en broma, pero para ello, tuve que pasar por habérmela tomado en serio, muy en serio, casi como si fuera importante y como si mi destino estuviera en mis manos. Después de varios batacazos contra la pared, puesto que uno solo no me sirvió de aprendizaje, me di cuenta de que lo que tenía que hacer era rendirme.

Y aquí estoy, rendida a mi vida, y por fin sonriente, porque todo esto no es más que un cuento, una historia de libro que vendrá adereza con los personajes que se crucen en nuestro camino y contada cómo cada uno de nosotros queramos contarla. Podéis darle un toque dramático o incluso poner tragedia, hay quienes le ponen queja y otros que parecen sumidos en ella hasta las profundidades de la desesperación. Yo, he decidido hacer las cosas bonitas y poner belleza hasta en mis días tristes  para encontrar un sentido a todo esto.

El día que decidí vivir del cuento y reírme hasta de mis penas, nació lo más bonito que llevaba dentro. Empecé a crear cuentos personalizados por encargo. Ese mismo día nació “EL BÚHO GILIBERTO y la caja de los lugares mágicos”.

PORTADA

 

 

 

 

El Búho Giliberto y la caja de los lugares mágicos habla de perseguir sueños y luchar por lo que se quiere. Trata también la tolerancia y la apertura de personas con otras capacidades funcionales.

Y detrás del búho vinieron tantos otros. A algunos de ellos les guardo un gran afecto, por aquellos a quienes iban dirigidos, como Denis y la charanga revoltosa, Diego, Celia y el tractor Koloham, o Elena y Javi, pilotos de altos vuelos.

Denis y la charanga revoltosa

 

 

 

 

“Denis y la charanga revoltosa”, es un cuento muy especial para un niño llamado Denis que ama la música. Ensalza los valores de la obediencia y el trabajo en equipo.

Diego, Celia y el tractor Koloham

 

 

 

 

Diego, Celia y el tractor Koloham está dedicado a dos lindas criaturas que pasan muchos días en el campo en contacto con la naturaleza. Ensalza valores como el respeto a la naturaleza, la creatividad y el reciclaje.

Elena y Javi, pilotos de altos vuelos

 

 

 

 

Elena y Javi, pilotos de altos vuelos, es un viaje a la imaginación, al interior y a lo etéreo. Me divertí como loca escribiendolo y volando con ellos.

Guardo todos los cuentos que he escrito hasta ahora en mi saco de recuerdos y cada vez que los leo, (porque yo me quedo con una copia por supuesto), una sonrisa se escapa de mis labios y mis ojos se entornan como cuando era niña.

No los puedo colgar en la red porque todos y cada uno de ellos son personalizados y quiero guardar esa autenticidad para quienes fueron escritos. Estaré encantada de escribiros uno a vosotros o para quien vosotros queráis, sólo tenéis que pedirmelo en info@martasarramian.com y empezaré a crear.

Quiero seguir volando con vosotros, colarme en vuestras historias, deslizarme por vuestros sueños, andar en bicicleta por los campos verdes, caminar descalza y saltar los charcos, mojarme bajo la lluvia, oír el viento acariciar los árboles. Quiero crear belleza para vosotros y sacar al niño que todo llevamos dentro.

 

Quiero hacer con todos vosotros el viaje más bonito jamás imaginado.

¿os venís?

Sólo tenéis que escribirme a info@martasarramian.com o buscarme en facebook en Marta Sarramián.

Cuentos, historias, memorias o relatos, lo que tú desees…

¡Vamos a vivir del cuento!

La vida es cuento, cuéntame el tuyo info@martasarramian.com

Laura y Gus

 

 

 

 

 

 

Con una mano delante y otra detrás

Ayer recibí el primer premio local del 12 Certamen Literario “Nerjamujer”, que este año llevaba como tema “Carta a una mujer sumisa y abnegada”. El relato se llama “Con una mano delante y otra detrás” y dice así.

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Querida Milagros:

¿Cómo estás? Hace tanto que no sé nada de ti. Cada día pienso en escribirte pero la rutina me atrapa. ¡Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que fui al pueblo! Pero aún no me atrevo a volver, me da miedo afrontarlo y reconocer que yo, la que se comía el mundo a cachos, la que pensaba que esto nunca le sucedería a ella, he bajado a las tinieblas para enfrentarme cara a cara a la perdida de amor, y no un amor de pareja, sino otro más importante, el amor hacia mí misma.

No sé cómo sucedió, Milagros. Imagino que fui poco a poco cayendo en este pozo sin fondo hasta llegar a hoy que he encontrado la fuerza para destaparte un trocito de mi realidad, algo que venía ocultando desde hace mucho pero que ya no estoy dispuesta a callar más. Sé que lo comprenderás y que de alguna manera te sentirás identificada con estas palabras que ahora vas a leer. Ay Milagros, ¡qué felices éramos de niñas y cuanto te echo de menos!

Amiga, no sé decirte si me puede el miedo o la vergüenza. Y aunque aún no he superado mi ruptura, hoy me siento más liberada y feliz que nunca. Sin embargo, él se empeña en volver cada día a mi mente, su imagen me mortifica y aterra, porque se ocupó de atraparme y convencerme de que yo no valía para nada. Te contaré como ocurrió.

Cuando nos conocimos yo era una mujer independiente, fuerte y segura de mí misma. Y aunque algo en mi interior me decía que aquello no podía ser, desoí aquellos fantasmas y me lancé de lleno a los brazos de Cupido. En pocas semanas estábamos viviendo juntos, cada día él me agasajaba y traía algún regalo y cada día insistía en que dejara el trabajo, puesto que él con su salario ganaba más que suficiente para llevar una vida cómoda. Al principio me resistí, pero pasados unos meses fue convenciéndome poco a poco de las ventajas de no trabajar. Así que dejé mi trabajo y comencé a disfrutar del tiempo libre. Hacía actividades, salía a menudo con mis amigas y cuando él llegaba a casa, tenía siempre en la mesa un plato de buena comida y la casa limpia y recogida. Entonces llegó su segunda sugerencia:

-¿Por qué no empiezas a pintar o hacer alguna actividad que no te requiera salir de casa? De nuevo, me resistí, pero al cabo del tiempo, no sé muy bien cómo, Milagros, me vi envuelta en tareas domésticas y ociosas que me tenían absorbida y atrapada entre las cuatro paredes de mi casa. Y lentamente, él fue ganando fuerza mientras yo la perdía a pasos agigantados. Había dejado a un lado mi vida y mis sueños. ¡Ya me tenía en sus redes! La presa ya estaba domada. Sin trabajo, sin vida social y envuelta en un círculo pequeño, él supo bien como empezar a conducirme hacia la muerte lenta y silenciosa en la que yo estaba cayendo sin querer.

-No vales para nada –me dijo un día-. Y tanto me lo dijo que yo me lo creí. Yo, Milagros, que me comía el mundo a cachos. ¡Qué grande era cuando lo conocí y qué pequeña soy ahora! Pero basta de lamentos. Hoy es el día en el que grito a los cuatro vientos -¡YA BASTA! ¡Me merezco ser feliz!

Hoy por fin he conseguido llamarle por su nombre, hasta hace unos días, sólo salían insultos de mi boca cuando me refería a él. Y al echar la vista atrás y sentir la liberación que hoy me envuelve, me digo a mí misma qué tonta he sido, cómo no lo he podido hacer antes. Me culpo, Milagros y no sólo eso, sino que además me avergüenzo. ¿Cómo no pude darme cuenta antes? Ya no nos amábamos, sin embargo me resultaba imposible dejarlo por completo y cerrar las puertas de un pasado que aunque triste y desgraciado era al que me había acostumbrado. Estaba enganchada a una relación enquistada que me hacía sufrir. ¡No sabes cuánto sufría, Milagros! Aún así, no encontraba las fuerzas para decir basta. Durante todos esos años, él se había ocupado de bajarme la autoestima, de hacerme ver que no era nada, para que mis miedos me impidieran abandonarle. Cada día cuando llegaba a casa me trasladaba sus enfados y frustraciones a base de gritos que caían en mi alma como golpes de boxeo. Nunca me pegó, Milagros, pero hizo algo peor, golpeó mi alma cada noche durante siete largos años como si yo fuese el saco donde expulsar toda su rabia. Con sus palabras hería cada poro de mi ser.

Al principio no me daba cuenta. Tampoco era a menudo. Yo misma le justificaba. –Ha tenido un mal día –me decía a mí misma. Pero esos malos días fueron aumentando en frecuencia e intensidad y a medida que yo no le plantaba cara, quizás por mi confusión ante ese cambio de actitud, quizás porque no quería ver la realidad que se me avecinaba. Me engañaba y cuanto más duro se volvía su carácter, más blanda me volvía yo, en un intento fallido de volver a lo que nuestra relación había sido. Ya no era el mismo, Antonio se había convertido en un desconocido y yo, que había aprendido a amarle en lo bueno y en lo malo, no supe ver que aquella historia ya no existía. Todo fue creciendo, ya no solo me despreciaba sino que un buen día, su maltrato verbal pasó de los insultos a las miradas de odio y rechazo. De su boca sólo salían malas palabras que minaban el poco amor propio que me quedaba, haciéndome creer que era fea, miserable e inútil y que nadie más me iba a querer como él lo hacía.

Siete años, Milagros, siete años pidiendo un cambio que nunca llegaba. Porque nada cambia si uno no quiere cambiar. Yo estaba bloqueada, tenía un miedo insensato a quedarme sola, más aún cuando ya me había creído que sin él no era nada. Había dejado el trabajo por él y mis tareas diarias se habían reducido al cuidado de la casa y al perro que compramos para sustituir al hijo que nunca tuvimos. Y todo mi amor se convirtió en miedo. Más bien diría terror.

–Si no es amor, es miedo-, me había dicho un amigo. Si me hubiera amado a mí misma tan sólo un poco más, si hubiera tenido tan sólo una mínima porción de amor hacia mí como la que tenía hacia él, me hubiera permitido enfrentarme a la situación y cerrar para comenzar de nuevo. Luego estaban los miedos al qué dirán, a encarar la vida sola. Miedos creados por mi mente que él se ocupó de alimentar cada día durante esos siete años, Milagros. Pero no estaba sola, además de mis miedos, estaba mi culpabilidad. Me responsabilizaba a mí misma por haber caído hasta ese punto. Antonio conseguía robarme toda mi energía y reducirla a la nada. Y yo me limitaba a asentir, complacer y simular que todo estaba perfecto.

¿En qué me convertí, Milagros? ¿Cómo pude llegar a ese punto? Sin autoestima, sin trabajo, aislada de mi vida social, cada vez que intentaba salir de aquello, venía él con sus látigos verbales y sus artimañas manipuladoras para atraparme de nuevo en esa red de no hay salida. No me reconocía a mí misma, Milagros, era una autómata que mendigaba el amor que un día tuve, negándome a aceptar que nunca me dejaría en paz por pura cobardía y por el orgullo engrandecido de ver cómo yo, una súper mujer venida a menos, bebía los vientos por él.

Y cuando yo ya no tenía nada que perder, sino esa vida vacía de amor y llena de odio y rencor, un día me levanté y dije, ¡basta! No quiero esto para mí. Cogí el poco dinero que tenía ahorrado y apelé a mi fuerza interior. Me fui a la estación de Atocha en busca del primer tren destino al sol. Con una mano delante y otra detrás, como lo había hecho unos años atrás cuando llegué a Madrid, pero con algo que antes no tenía, la experiencia ganada en esos años de sometimiento y clausura. Dije basta y allí en el andén dos de la estación de Atocha, dejé aparcados mis miedos, me puse el mundo por montera y comencé a vivir la vida que yo merecía, la que siempre había soñado. Ese día es hoy.

Hoy, te escribo desde un pueblecito andaluz al que he llegado en mi camino a la felicidad. Quizá un día vaya a verte, pero aún no estoy preparada. El día que mis manos golpeen a tu puerta, sabrás que ya me he sanado. Y al ver mi cara comprenderás que tú también puedes hacerlo. Lo sé, Milagros, no hace falta que me lo ocultes más. Sé que tú también estás encerrada en tus tinieblas y tus miedos. Por eso te escribo, amiga, para que estas palabras te ayuden a ti también. Puedes salir de ello, amiga, al igual que yo lo he hecho ¡Confía en ti, Milagros! Eres fuerte, grande y puedes hacerlo.

Gracias amiga. Estas palabras que leerás algún día, me han servido de terapia. Gracias por dejarme compartir contigo mis anhelos y mis penas.

Iré a buscarte, Milagros y ese día otro sol resplandecerá en tu alma. Hay que bajar a las profundidades para ver brillar la luz con otra intensidad, con otro color. Allí abajo, en las tinieblas se esconde una llama viva esperando a relucir. Eres tú, amiga.

Brilla con fuerza.

Siempre contigo,

Milagros.

 

La carta es una carta escrita a sí misma. Milagros es la mujer de ese preciso momento quien escribe a la Milagros que fue y a la que será. Muchas mujeres que pasan por este proceso ni siquiera se reconocen a sí mismas. Por este motivo, Milagros decide escribirse una carta a sí misma. Busca una terapia, un desahogo, quiere reconocer en sí misma su propia fuerza. De alguna manera, Milagros somos todas, porque por desgracia aún sigue pesando en nuestros cuerpos de mujer la carga cultural arraigada con fuerza a nosotras.

Poco a poco vamos desprogramándonos, dándonos y reconociéndonos a nosotras mismas el valor que tenemos. Aprendamos a amarnos porque nadie lo hará por nosotras. Los príncipes azules no existen porque NADIE los necesita. Nosotras somos las únicas que nos podemos salvar.

Desde aquí os invito a hacer una labor de conciencia que implique a hombres y mujeres e invite a la unión. No hay diferencias como tampoco hay separaciones de género.

Espero que estas palabras tan crudas como motivadoras escritas por la Milagros que todas llevamos dentro, puedan ayudar a mucha personas.

 

Muchas gracias.

Aunque nos tapen la boca, no nos van a hacer callar. No al 21% de IVA en cultura

colaps 21Llevo varios años experimentando en mis carnes la frase de “Vivir por amor al arte”. Es gratificante poder trabajar en lo que te apasiona y esto no tiene precio, pero de igual manera, los artistas no vivimos del aire, necesitamos recursos para seguir adelante, seguir creando y expandiendo ideas, ilusiones, proyectos, debilidades, vías de expresión. A veces en este periplo tan apasionante como duro en su realidad, tenemos momentos de debilidad, nos asaltan las dudas y los miedos y a veces nos cuestionamos si lo que hacemos es lo correcto. Sí que lo es, por mucho que se empeñen en callarnos, seguiremos hablando en silencio, en susurros o a gritos para reivindicar nuestro espacio bien merecido y ganado.

Aunque nos tapen la boca, no nos van a hacer callar.

  • Qué nadie calle nuestros sueños!!! La cultura no interesa porque abre mentes, espacios, aumenta la capacidad de crítica y de autoconocimiento y expresión y, por lo tanto de acción y decisión sobre lo que cada uno quiere. La cultura no crea borregos, sino que educa a personas ofreciendo varias vías para manifestarse y ser uno mismo. Por esto y por mucho más no interesa la cultura, interesa crear un rebaño fiel, seguidor y obediente a lo que dice el pastor, que nadie rechiste, ni proteste y, por supuesto, que nadie se cuestione si hay más posibillidades de hacer las cosas salvo las que el pastor manda.
    No somos borregos, nunca lo seremos, váyanse ustedes a pastorear a otros lares, quizá otros países donde acepten estas normas ya decrepitas, obsoletas y para nada acordes con lo que una gran mayoría está demandando. Aprendan ustedes a escuchar, quizá no valoran la cultura porque nunca la tuvieron en sus manos o quizá les da demasiado miedo enfrentarse a su poder, el poder de un pueblo educado, un pueblo culto que sepa cuestionarse y que siempre se exprese.
    Por esto y por mucho más, no nos callarán, aunque nos cueste la mitad de nuestro sueldo, seguiremos siempre, porque el arte nace del alma y mientras haya música seguiremos danzando, cantando, escribiendo, pintando, esculpiendo, fotografiando, grabando, reciclando, reusando, recitando…Aunque nos tapen la boca, no nos van a hacer callar.

La búsqueda

Ayer viniste a mí en busca de cariño y no te lo di…no me sentía con fuerza, había vivido muchas emociones y había removido muchos trapos pasados que creía sanados pero que, sin embargo, siguen ahí en mi corazón y en mi alma

 

Ayer estaba mal y hoy estoy peor, pero nada pasa en balde, es lo que tiene que ser para aprender otra vez..en este caso a olvidar, a agradecer lo que tuve, lo que un día fue y ya nunca más será, porque ya no soy la misma, porque ya no me conozco.

Ayer estaba inmiscuida en mi pena y vienes tú solicitando caricias…no te culpo ni me culpo…cada uno de nosotros ha de vivir sus lecciones y lo ha de hacer a su manera, pero no me eches en cara que no te doy lo que quiero, no hay nadie en este mundo para cubrir tus carencias salvo tú y tu amor propio. Nada ni nadie puede distraerte de ti y de tu centro, lo dice una que ahora llora hacia afuera, y no se busca hacia dentro, porque es momento de echar toda esta mierda de aquí para volver a mirar y encontrarme en la nada, en mi propia reinvención.

 

No vengas buscando en mí, algo que no puedo darte, tampoco lo busques en quien no te ama, todos tenemos ganas de compartir nuestro amor, pero eso no significa que nos tengamos que lanzar a los brazos de un desconocido que probablemente te quite más de lo que te pueda dar. no busques con intención porque eso es ya de antemano un fracaso. amate a ti mismo, enamorate de ti, buscate, encuentrate, llorate, riete y entonces vendrá el amor brillando con luz propia, porque lo que tú andas buscando, te lleva buscando a ti hace rato….

 

Ayer viniste buscándome y no pudiste encontrarme. Yo tampoco sé siquiera donde me había metido.