Finalista VIII Premio Internacional Relatos de Mujeres Viajeras 2016

Hoy tengo el gran placer de contaros que he sido finalista en el VIII Premio Internacional Relatos de Mujeres Viajeras 2016, en el que se han presentado más de un millar de relatos de todo el mundo.

Se llama Filtros, aquí lo comparto con todos vosotros. A disfrutar.

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Filtros.

La luz de Tombwa es particular, de esas vergonzosas que se esconden tras el manto blanquecino de las nubes, creando una luz monótona y con efecto somnífero para quienes viven allí. La perspectiva se convierte en la mirada estrecha que queda en los ojos entreabiertos, como si éstos solo quisieran mirar de frente, cerrar su ángulo de visión y enfocar lo verdaderamente importante. Es ese cielo, que cubre el desierto de Angola en sus costas, el responsable de todo. Parece que ya no quiera mirar más, que quiere ceder a la imagen un color apagado y mate que no da lugar a juegos de luces y sombras.

Me acabo de despertar y siento como si en mis ojos me hubieran puesto un filtro que mata lentamente las tonalidades más atrevidas, dejándolas silenciosas. Quizá antes de aquella guerra absurda que revolvió el país durante más de veintisiete años, los colores brillaban libremente por este paraíso marchito, pero hoy la luz se ha vuelto monótona y aburrida, e ilumina las mañanas y las tardes con la misma intensidad.

Cierro los ojos de nuevo para acostumbrarme a esta densidad blanquecina. Al escenario borroso, hay que añadirle toda una amalgama de olores de pescado. El fresco olor a salitre, adherido a las escamas de los peces que aún coletean en las redes, se mezcla con la fuerte pestilencia del pescado seco que cubre las calles de Tombwa, y sirve de hogar al ejército de moscas que vuela a su alrededor. En las redes posan todos los rostros de la descomposición.

Salgo a la calle para inmortalizar lo que ya está muerto. Las casas, herencia de la decadencia que sufrió este país cuando muchos portugueses lo abandonaron precipitadamente por la inminente guerra, se mantienen dignamente levantadas con el rostro triste y empobrecido de un hogar que no se habita. Tras sus paredes rasgadas, se intuyen los colores vivos de una casa colonial. Sus verjas oxidan recuerdos y lloran hierro al sentirse desoladas.

Tombwa es el escenario triste de la supervivencia de unos cuantos ancianos, mujeres y niños a la sádica e irracional guerra que rasgó el país de cuajo. Faltan hombres y sobran agujeros de bala donde quiera que mires. Allí, el tiempo parece detenerse a cada minuto, solo el ritmo lento e imperceptible de sus habitantes vienen a recordarme que el sol continúa girando. Sin embargo, contra todo pronóstico, este lugar se convertiría en el plató más peculiar para acoger una de las mejores historias de mi vida de cooperante. Un pasado que marcó mi presente.

Esa misma mañana, cuando colgaba en mis hombros mi cámara y deambulaba ansiosa por congelar una imagen buscando realidades, me tropecé de frente con quien me abriría los ojos. Me llamo Joaquim Machalombo, me dijo. Y el azabache de sus ojos penetró en mí de manera tan profunda que pude sentir a mi corazón dando un vuelco. A sus diecisiete años, tenía una fuerza arrolladora y un magnetismo especial que arrastraba a todo aquel que encontraba. Su mirada escondía la inocencia de una niñez truncada y la esperanza de un alma pueril y sin maldad, que vivía atrapada en un cuerpo enredado. Sus piernas eran un ocho y sus brazos se torcían hacia afuera como queriendo irse de allí. Una enfermedad le había dejado acurrucado y postrado en aquella silla rudimentaria, hecha por su abuelo con algunos materiales que había ido recogiendo a lo largo de los años. -Dale a un africano un coche viejo y te lo arreglará, dale uno nuevo y te lo estropeará-, me habían dicho mis amigos angoleños en días anteriores. Miré a la silla, frente a mí se hallaba la prueba más evidente de que aquello era verdad. Joaquim amarraba su oxidado manillar para hacerlo girar y poder avanzar a duras penas a través de las calles arenosas del desierto. Quise ayudarle. Él me miró sonriendo y me dijo que no hacía falta. Ya estaba acostumbrado y cuando se cansaba tenía un séquito de niños que correteaban tras él para empujarle. A paso lento comenzamos a recorrer las calles de Tombwa, para descubrir a través de sus ojos el lugar que le había visto crecer y que, muy probablemente, le vería morir.

La arena, testigo chivato de nuestros pasos, delataba las huellas de unas botas que caminaban paralelas a los dos pequeños surcos que formaban las ruedas de la silla y a las decenas de pies diminutos de todos los niños que nos seguían. Avanzábamos despacio, el paisaje parecía aguardar nuestros pasos, mientras Joaquim con su sonrisa intermitente y su voz profunda y fuerte improvisaba canciones que me contaban su historia.

Con el caminar sereno, repleto de poesía, llegamos a su casa, alzada con cuatro paredes de hojalata. Entramos. La oscuridad invadía el interior. Cuando mi vista comenzó a acostumbrarse a la penumbra, pude intuir un catre donde dormía encorvado un anciano. Era el abuelo de Joaquim. A su lado yacía lánguido otro catre donde dormían tres niños. El resto descansaba en el suelo. Joaquim avanzó un poco y me invitó a sentarme frente a su abuelo, quien a su vez se incorporó con el gesto sumiso y humilde de quienes creen que nada merecen. Sus ojos miraban al suelo. A pesar de no tener ninguna marca en su rostro, se podían percibir claras y transparentes sus cicatrices de guerra y las huellas del sufrimiento de una familia de nueve hijos, desgarrada por la absurda avaricia de aquellos que intercambian dinero por vidas humanas. El abuelo me sonrió, y aquella sonrisa llenó de luz la habitación. Era él quien se había quedado a cargo de sus cinco nietos supervivientes de la guerra. Los otros hijos y su padre fueron arrastrados a luchar y nunca más regresaron. La madre había muerto de pena, según contaba el abuelo. Me relató paso a paso las penurias que habían tenido que afrontar, el desaliento y el hambre. Puso palabras al miedo y a la desesperanza. Sin embargo, tras su cruda historia se escondía un alma alegre, tenaz y superviviente que había tratado de encontrar entre aquel escenario bélico lo más puro de vivir.

El abuelo había aprendido a disfrutar de lo pequeño, de lo casi imperceptible. Así se lo había trasladado a sus nietos. Como profesor de escuela que había sido, amaba las letras y las palabras y esa pasión se palpaba en Joaquim, quien había heredado el mismo amor, la misma pasión y había aprendido a ponerle música a su vida.

Salimos fuera, Joaquim me mostró un trocito de tierra que para mí no significaba mucho, sin embargo, para él, ese pedacito era donde trazaba sus sueños. Su abuelo le había enseñado a escribir. Como pizarra, aquel suelo de arena y como tiza, un palo. Me quedé mirando aquel anodino cuadrado y comencé a imaginar a Joaquim deslizando su cuerpo para escribir unas letras, pisando la tierra para pedirle inspiración al aire. Pero Joaquim no necesitaba inspiración, era de aquellas personas que viven siempre conectados a esa extraña energía. Tenía la capacidad de lanzar susurros al cielo y éste parecía responderle con la inspiración divina. Pude salir de mi perplejidad al escucharle cantar y recitar poesías. Qué dulzura en medio de aquel lúgubre ambiente que tanta desgracia había acogido. Una lágrima se deslizó por mi mejilla hasta caer a la arena, a su pizarra. Y Joaquim, supo convertir mi llanto en un canto de esperanza. Se sentó en el suelo y con aquella gota dibujó un árbol de donde salían flores.

¿Ves? Me dijo el abuelo, sólo es cuestión de apreciar lo pequeño.

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 Si queréis comprar el libro, sólo tenéis que cliquar aquí y ya es vuestro.

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Yo ya tengo el mío y es una delicia.

 

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Lady Warren. Una historia que no debes perderte

Hace unos meses salió a la luz, la novela Lady Warren en versión española, editada por Ediciones Casiopea y traducida y adaptada por Marta Sarramián, osea, yo misma.

Este libro es el primero de una saga de relatos de mujeres viajeras de los siglos anteriores. Historias apasionantes y sorprendentes y más cuando muchas de ellas fueron pioneras en emprender viajes transcontinentales que implicaban ciertos riesgos y aventuras. Hasta el momento, he tenido la gran suerte de traducir un par de ellos y, a pesar de las dificultades del lenguaje de esa época y algunas referencias culturales que me costó entender, he conseguido viajar con ellos en el espacio y, sobre todo, en el tiempo, viviendo situaciones que tengo la certeza que ya no volveremos a repetir en el siglo XXI. Leer, amigos, es viajar, es volar y trasladarse allí donde las palabras y la imaginación te quieran llevar. Es más que un simple hecho relajante, puede suponer una desconexión de tu realidad para abstraerte y adentrarte en ti mismo. Y es este lugar, el más mágico de todos a los que se puede llegar.

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Os invito a leer, y dejaros llevar por vuestra intuición, no por lo que otros os hayan aconsejado. Seguro que el libro que tenéis en vuestras manos es justo el que teníais que tener!!!

Pero, por si acaso queréis algún consejo de qué leer este verano, os adjunto una reseña de Lady Warren.

http://palabrasquehablandehistoria.blogspot.com.es/2016/07/de-argelia-tunez-en-moto-lady-warren.html

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tierra arte final

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Lady Warren. De Argelia a Túnez en moto.

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Con el orgullo de una madre cuando presenta a su hijo, aquí os presento a mi cuarto pequeño. Lady Warren. De Argelia a Túnez en moto. Una traducción/ adaptación de la versión inglesa escrita por Lady Warren, una aventurera que en 1921 recorrió el Norte África en un sidecar.
Lady Warren, autora y protagonista de esta apasionante historia, me ha llevado de viaje con ella por las montañas y desiertos de Túnez y Argelia. Hemos estado de boda, escuchado los cantos de las mujeres del desierto, comido y bebido exquisiteces y otras asquerosidades. Hemos pasado frío y alguna que otra calamidad a bordo de este sidecar que, a veces, nos ha desesperado, pero, sobre todo, hemos llegado allí donde muchos no lo han hecho.
Comienza aquí la primera serie de una colección de relatos de mujeres viajeras y pioneras que, hace ya unos años, se pusieron el mundo por montera para empezar a recorrerlo sin otro equipaje que el deseo de viajar y explorar.
¿Te vienes de viaje? Compra tu billete a la aventura en www.edicionescasiopea.com 
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Os espero en el desierto…

Sorteo de fin de semana para dos personas en una maravillosa casa con vistas al mar en Nerja, Málaga

IMG_2112Hoy es tu día de suerte. A partir de este mismo momento, puedes ganar un magnífico sorteo de una estancia en una casa en régimen de alojamiento y desayuno para 2 personas en una maravillosa casa con vistas al mar en Nerja, Málaga.

Lo único que tienes que hacer es darle a ME GUSTA en la página de facebook de Libros de Marta Sarramián o seguirme en twitter (Marta Sarramián) y mandar una foto o prueba de que tienes en tus manos una de mis novelas, Lo que aprendí de un vagabundo, Tierra o A contracorriente. Puedes mandar una foto, un pantallazo de compra o descarga on line, lo que sea. ¡No olvides mandar también tu nombre y apellido y un contacto donde poder localizarte para comunicarte que has ganado!

Se realizará un sorteo al mes y lo podrás disfrutar los días que quieras siempre que el alojamiento esté disponible.

Los ganadores del sorteo se anunciarán en las páginas de facebook de LIBROS DE MARTA SARRAMIÁN, en la de Marta Sarramián o en Twitter de Marta Sarramián.

Si quieres descargarte online uno de mis libros, aquí te paso un enlace donde puedes encontrarlos. http://www.martasarramian.com/blog/2016/02/11/lo-que-aprendi-de-un-vagabundo-y-tierra-ya-en-ebook-y-kindle/

Te espero en Nerja. Traéte sombrero, protección solar y muchas ganas de pasarlo bien.

 

A fuego lento

El misterio de esta ciudad y su niebla traslucida me invitan a recorrer mundos ocultos, a recogerme para reírme, llorarme, amarme, enfadarme y reconciliarme.

Buscarme, perderme y encontrarme para volverme a reír. Para seguir viva y perdida por este eterno bagaje que me hace sentir latente.

Me busco y me encuentro y cuando ya me hallo, me vuelvo a perder para volver a empezar.

Cuanto más recorro, más soy consciente de todo lo que me falta por recorrer. Avanzo sin prisa pero sin pausa, sin demasiadas exigencias.

En mis pérdidas hallo mis limitaciones, mis vulnerabilidades que trato de esconder, para luego darme cuenta de que son ellas, mis propias debilidades, las que me hacen crecer, las que me hacen ser más grande.

En este cuerpo de metro sesenta se halla una llama viva, ardiendo cada vez más….esta vez a fuego lento.

No olvidéis que ya podéis comprar mis libros en formato Ebook, aquí os mando un par de enlaces…

Lo que aprendí de un vagabundo

portada

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Para Tierra,

tierra arte final

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Un abrazo a todos, nos seguimos contando

“Lo que aprendí de un vagabundo” y “Tierra” ya en Ebook y Kindle

Lo bueno siempre se hace esperar, pero llega, siempre llega. Dos de mis novelas, las niñas de mis ojos, Lo que aprendí de un vagabundo y Tierra, ya están disponibles en Ebook y kindle. Voy a llegar a cada rincón de este planeta, y vosotros solo tenéis que clicar en uno de estos enlaces, el que más os guste, para que mis palabras os encuentren. En cinco minutos estoy en vuestras manos.

portadaEl que me llevó a volar y cabalgar por el mundo en brazos de la nada, el que me estiró los párpados al máximo para abrir los ojos hacia dentro, el que me rasgó en pedazos y me quitó las capas de hipocresía, mentira y superficialidad para SER DE NUEVO YO.

En España

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tierra arte final

TIERRA, la que desgarró mi alma, la que me hizo hacer un aterrizaje forzoso a este mundo de tierra y agua, la que me llevó a la isla, allí lejos de todo y tan cerca de mí, la que me hizo darme cuenta de que este mundo es tan avaro y miserable como espléndido y generoso.

Aquí os doy, un pedazo de TIERRA.

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Aquí os dejo unos cuantos, ya no tenéis excusas para no encontrarme, por si acaso, cualquier duda os responderé encantada en info@martasarramian.com

 

Aquí me tenéis, soy toda vuestra….Vamos a volar!!!

 

 

 

 

 

 

Tierra, 15 entrega

A bordo de un velero, enfrente de una isla paradisiaca, esto es lo que se siente.

15 entrega de TIERRA (basada en hechos reales)

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“Al día siguiente se levantaron pronto. Tanto Germán como Joao tenían muchas ganas de surfear. Daphne decidió quedarse un rato más durmiendo, luego se acercaría a tierra con la lancha para inspeccionar la isla.

Cuando alcanzó la orilla, se tumbó y dejó que el sol calentara su cuerpo desnudo hasta que no pudo más y se lanzó al agua. Era buena nadadora, contorneaba su cuerpo como un delfín, sorteaba las olas y se dejaba arrastrar por ellas. En sus veranos de playa , su padre y abuelo le habían enseñado a observar como nadaban los animales e imitarlos, lo que le permitía desenvolverse perfectamente en el mar.

Salió del agua y exfolió todo su cuerpo con arena, sintiendo una libertad tridimensional. Tan lejos de todo, tan aislada, feliz y tranquila, le gustaba saber que estaba sola, en aquel lugar único.

-Soy afortunada –dijo para sí misma-. Tengo a mis pies el paraíso soñado, exclusivo para mí sola.

Aquella isla tenía todos los componentes que necesitaba. El agua azul turquesa bañaba la playa de arena fina y blanca, rota por el negro volcánico de las rocas que emergían gigantescas, semejantes a los caparazones de las tortugas marinas.  Un paisaje paradisiaco y muy nuevo para los ojos de Daphne. El azul de la orilla se transformaba en verde intenso a medida que Daphne lanzaba su mirada más allá, para acabar con un azul oscuro casi gris que rozaba el añil del cielo. Todas las gamas de colores fríos que, a la vez, le hacían sentir calor y compensaban todos los pensamientos y sentimientos que venían a su mente.

Daphne estaba tan perpleja ante semejante paisaje que dejó volar su imaginación. De pronto, perdió la conciencia del tiempo y el espacio. Era como si esa isla mágica la hipnotizara y le hiciera trasladarse a otros mundos.”

Si quieres leer el libro completo, puedes encontrarlo en:

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Hasta la semana que viene.

Tierra. Entrega 14

Hoy me voy a permitir la licencia de saltarme unas cuantas páginas para trasladaros directamente a Panamá y presentaros un país que cuando lo miras con detalle sorprende.

No olvides que si quieres seguir leyendo el libro entero, lo puedes encontrar en:

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“Daphne había llegado a Panamá con el deseo expreso de no conocer nada de aquel país, porque consideraba que sus conocimientos iban a crear prejuicios y la iban a predisponer. Prefería que le sorprendiera y así lo hizo. La ciudad de Panamá y sus alrededores cargaban a sus espaldas el peso histórico de la transición geográfica. La colonización, las invasiones, las guerras independentistas y la construcción del canal habían creado un país en el que resultaba imposible digerir los rápidos cambios evolutivos que venían impuestos desde otros países lejanos. Movimientos que, a su vez, eran aceptados por el gobierno panameño a cambio de unas condiciones económicas excelentes para los bolsillos de unos pocos que se enriquecían , empobreciendo, a su vez, a su propio país. Personas sin escrúpulos que habían encontrado allí una fuente inagotable de ingresos. El canal había traído riqueza y prosperidad, pero en Panamá se pagaba un precio muy caro por haber permitido rajar el país en dos partes. El hombre, las garras del poder y los intereses económicos habían sido capaces de abrir una grieta en medio de un continente y esa abertura marcaba aún más la diferencia entre norte y sur, entre pobres y ricos. Otros llegaban a afirmar que el canal producía también un corte en los meridianos de la tierra, lo que repercutía directamente en el flujo energético de los dos hemisferios.

Como si de un sueño se tratara, llegaron a su siesta las palabras de su amigo Iñaki:

-Te explicaré la historia de este canal –le decía Iñaki-. Los avances tecnológicos y las negociaciones comerciales entre países de diferentes continentes hicieron que los más ambiciosos comenzaran a plantearse la construcción de una vía que atravesara el país en dos y uniera el océano Atlántico con el Pacífico.

Panamá, que por aquel entonces pertenecía a la Nueva Granada, era una de las principales candidatas junto con Nicaragua y México para esta solución futurista y mercantil de aquella época. Como podrás ver, eligieron Panamá. Y como en toda historia de cualquier país que se precie, existen dos caras de la moneda. Aquellos que se enriquecieron y los que se empobrecieron. Para muchos de los habitantes de lo que por aquel entonces eran tierras colombianas, rajar la tierra en dos supuso una desgracia más que una proeza humana. Los propietarios de las tierras del canal, tuvieron que elegir entre migrar en busca de un lugar donde vivir o quedarse trabajando como peones de carga del canal; mano de obra que venía muy bien a los franceses que ignoraban las características del lugar.

Nadie se paró en los indígenas que habitaban esas tierras, nadie les consultó y, como consecuencia, los pueblos indígenas tuvieron que migrar, una vez más, hacia tierras del norte o del sur, sabiendo que en décadas su lugar de origen iba a ser tragado por el agua y dejando atrás su idiosincrasia, costumbres y parte de su legado cultural. La historia del canal esconde un mundo de intereses, poderes subversivos, codicia y mezquindad que nada tiene que ver con lo que quedó bajo el agua.

Así lo expresaba Iñaki y así lo sentía, también, Daphne cada vez que lo atravesaba, más aún después de haber conocido a los Ngäbe o Wounan, pueblos indígenas, nómadas por condición al principio y por obligación al final, que habían sufrido las presiones de las autoridades para abandonar sus tierras a cambio de nada. La francesa seguía recordando lo que Iñaki un día le contó.

-Incautos franceses, que con el buen sabor de boca que les había dejado la construcción del canal de Suez y empujados por la avaricia, quisieron un segundo plato de dominio y supremacía, y se lanzaron a ser pioneros en Panamá, obviando por completo la complejidad del lugar y la epidemias que allí se daban. Su sed de poder les llevó al fracaso, no sin antes haber sobornado a unos cuantos bolsillos y dejado a muchos de aquellos emprendedores arriesgados al borde del precipicio. Pero estos fracasados, no merecedores de compasión o tristeza, no fueron los que más perdieron, sin embargo, la historia sólo les recuerda a ellos.

Después de cinco años de abandono de las tierras por parte de los franceses y tras una huella imborrable de sufrimiento, trabajo, epidemias y muertes, Panamá que ya por aquel entonces, se había independizado de Colombia y convertido en República, seguía partida en dos. Fue en mil novecientos tres, cuando los estadounidenses con toda su artillería y aprovechando los avances y el trazado ya hecho por los franceses, se lanzaron a terminar el Canal, no sin antes firmar con el entonces gobernador de Panamá, Bunau Varilla, un tratado muy conveniente para ellos en el que se cedía la concesión perpetua del canal a los Estados Unidos a cambio de una cantidad irrisoria entregada a la República panameña. De este modo, los estadounidenses no sólo se hicieron con el dominio del canal, sino que se apoderaron de sus tierras a las que ningún panameño tuvo acceso hasta bien entrada la década de los noventa, momento en el cual desapareció la Comisión del Canal de Panamá y recayó la responsabilidad total del mismo sobre el gobierno panameño. Después de muchos años de prohibiciones y entradas restringidas a lo que eran sus tierras y su país, los panameños tuvieron por fin acceso libre a ellas. La presencia del pueblo estadounidense con su hermetismo, autoridad y falta de convivencia, dejó una huella imborrable en la memoria del pueblo panameño que permanecerá en el recuerdo de este país por mucho tiempo y que ha dejado un poso duro de rasgar.

Chucha, ¿te imaginas que vengan unos individuos a tus tierras y te digan que te tienes que ir de ellas y que ya nunca podrás volver? A veces creo que la especie humana está perdiendo el norte.

Daphne despertó de su duermevela con la imagen de Iñaki enfadado. Todavía absorta en sus recuerdos y pensamientos, le costaba darse cuenta de que estaba perdida en el medio del océano Pacífico, al lado de una isla desierta que parecía vigilar sus movimientos desde tierra. Le apetecía sentirse lejana y aislada, puesto que los últimos dos meses los había pasado trabajando día y noche para conseguir terminar aquel documental que parecía no acabar nunca. Meses de estrés y mucha presión a nivel laboral y personal. Era consciente de cerrar etapa como también lo era del momento por el que estaba atravesando. Ahora que su cuerpo y su corazón le empezaban a pedir volar de nuevo, estaba comenzando a despedirse y para ello tenía una especie de ritual que practicaba siempre en cada país donde había vivido.”

 

Si quieres seguir leyendo, puedes conseguir el libro en

TIERRA basado en hechos reales

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Hasta la semana que viene.

TIERRA, entrega 13

Como es la entrega 13 de TIERRA, por si hay algún supersticioso por aquí, os presento a Rosangela, una orisha auténtica que tiene mucho que decir.

“Como acostumbraba a hacer en estos casos, fue a consultar a su tía abuela que,  además de orisha, era curandera y milagrera. Envolvía su cuerpo robusto en un traje blanco que siempre mantenía impoluto. Tenía la piel tersa y sedosa aún cuando los años se le habían echado encima. Sus gruesos labios aspiraban el humo de su puro, mientras sus blancos dientes mascaban las hojas de coca que hacía traer de los Andes peruanos. Su porte y vitalidad acompañaban a sus ojos azabaches de mirada profunda y penetrante, capaces de ver los submundos más ocultos de quienes a ella se acercaban. Practicaba y conocía varias danzas de la tierra, el sol y la luna que le trasladaban a un estado de trance en el que hallaba una visión cosmológica.

Había dedicado toda su vida a sembrar salud y conocimiento a cambio de la alegría que le producía hacerlo. Rezumaba sabiduría por todos sus costados y su vitalidad hacía agitarse a aquellos que se acercaban a ella. A sus ochenta años, había sobrevivido a la muerte de dos maridos y tres de sus diez hijos. Tenía una treintena de nietos y bendecía a cada uno de los recién nacidos, gritando su nombre con energía al aire para que la Madre Tierra reconociera su fruto y lo protegiera.

Más cerca de la muerte que de la vida, aguardaba la guadaña con paciencia y serenidad. –La muerte te permite abandonar tu cuerpo físico, es una liberación y un disfrute- solía decir. –El día que venga a por mí, la esperaré cantando y bailando.

Buena conocedora de los cuatro elementos de la tierra, era capaz de hablar con ellos y escuchar las palabras que le susurraban un fuego o un mar embravecido. Consciente de su procedencia y amante respetuosa de la Madre Tierra, solía decir que sólo conociéndose a uno mismo, se podía ser capaz de conocer y amar a los demás. Su telepatía le permitía detectar lo invisible y comunicarse con plantas y animales, así como con todas las almas que tenía a su alcance. Había decidido vivir con todas sus capacidades abiertas, lo que le producía un deleite continuo y una sabiduría que parecía no tener fin.”

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Hasta la semana que viene.

TIERRA. 12 entrega

Ya sólo os falta por conocer al cuarto protagonista de TIERRA. Ha tardado pero no por eso es menos importante. Os presento a Joao y es tal cual se describe.

Disfrutad del viaje.

Tierra se puede comprar en www.edicionescasiopea.com y en www.amazon.es

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“El viento ondeaba el cabello rizado y quemado por el sol de Joao. En sus finas arrugas de marinero, se entreveía la vida itinerante y su espíritu aventurero. Una enorme sonrisa blanca cubría su cara. Su expresión jovial invitaba a estar con él y, aunque era un marinero solitario, hacía buenos amigos allí donde anclaba su velero. Mujeriego y juguetón, como buen capitán de barco, tenía una novia en cada puerto, a las que les brindaba todas sus atenciones cuando estaba con ellas. Era tan enamoradizo como escurridizo. La fugacidad de su vida, la extrapolaba a sus sentimientos, viviendo cada aventura como si fuera la última, sintiendo cada segundo y olfateando los poros de la piel de sus compañeras, como si cada milésima se perdiera en los recuerdos. Joao se entregaba plenamente al amor, vivía el presente y no se planteaba un futuro, puesto que su filosofía incluía la conciencia plena de la mortalidad y un concepto distinto del tiempo y el espacio en esta vida. Para él, no existían los tiempos, no había ayer ni mañana. Esta peculiaridad le hacía especial y producía un imán irresistible a las mujeres que se acercaban a él, comenzaban como un devaneo divertido, diferente, interesante y único,  pero al final, todas ellas incurrían en el mismo error, intentar enjaular aquel espíritu libre, privándolo de su espacio y atemporalidad.

Apasionado, como era, había estado tentado a dejar su vida en un par de ocasiones y en ambas, había podido su naturaleza errante y aventurera, frente a la estabilidad de una pareja. A pesar de amarlas con locura, era consciente de ser un alma solitaria y de su dificultad por encontrar una pareja que quisiera compartir su mundo, un detalle que asumía con naturalidad y aceptación. Había aprendido a asumir los pros y contras de su elección, una enseñanza que le había dado el mar, el silencio de las olas y las largas horas de soledad que le acompañaban.

Tenía, además, varios hijos fruto de sus muchos escarceos, a los que visitaba cada cierto tiempo y mandaba una pensión mensual. No renunciaba a sus tareas de padre, por lo que procuraba estar en pleno contacto con ellos, siempre y cuando las posibilidades lo permitieran. A pesar de la distancia y sus circunstancias, adoraba a sus hijos y hablaba de ellos con profunda admiración, aunque admitía también que nadie mejor que sus madres para cuidarlos, puesto que, al fin y al cabo, habían sido ellas quienes habían tomado la decisión de tenerlos. Si por él hubiera sido, no habría tenido ninguno, ya que sus prioridades eran su camino, su vida y su libertad. No obstante, ejercía de padre cuando así lo requerían.

Acostumbrado a vivir solo, de vez en cuando, agradecía las visitas de sus amigos. Anhelaba tener tiempo para conversar, conectar con el mundo exterior y compartir momentos. Le gustaba agasajar a sus huéspedes, así como hacer que se sintiesen en casa.

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Hasta la semana que viene.